Quizá hayas escuchado muy variadas veces la palabra “revolución”, en momentos de crisis o de coerción fascista por un reducido grupo dominador, cuando se alza en armas un pueblo oprimido como la sucedida en El Salvador allá por los años 80s, o lo sucedido en Chile con Salvador Allende y su propuesta colectivista que fue desmontada por un grupo de neocapitalistas, pero bueno.
Considerando todos estos hechos se puede deducir que la revolución emana en momentos de crisis, tomando la palabra en su amplio espectro (política, económica, social, cultural y la más reciente “medio ambiental”), y dicha surge como un plan de sistema inversa a la continuidad del patrón de pensamiento que irrevocablemente dirige a la destrucción eminente.
Por eso mismo, la connotación de la palabra “revolución” y su esencial aplicación deben ser bien definidas desde la visión filosófica, ética y moral, tornando importante una concepción racional para su correcta aplicación en lo raso de lo real.
Revolución adviene del latín “revolutio” que significa una vuelta, o sea, una transformación radical de una estructura de poder o de organización, ya sea: cultural, político, económico, social, religioso o el mismísimo pensamiento.
Sabiendo la palpable crisis social-cultural basada en el “temor” de ser yo mismo, de conocerme a mí mismo, conocer mí estructura cognitiva, el funcionamiento de mí pensamiento, pensar por mí mismo, etc. Todos estos son factores que dificultan el auto descubrirse de ese ser esencial intrínseco que toda persona está dotada pero muy pocos la revelan porque no hay una revolución en sí mismos.
Por lo tanto, el medio de auto revelación de esa infinita luz interior es tú consciencia, pero ¿qué es la consciencia? La podemos definir concisamente como la capacidad del sujeto de conocerse así mismo, de sus actos y reflexiones, es cuando el observador se observa así mismo como un medio de auto mejoramiento y alcanzar el pleno desarrollo del ser esencial.
Pero de todo esto surge una gran cuestión ¿es posible revolucionar mí consciencia?
Sí, es mera perspectiva de sí mismo ya que lo esencial es un concepto fundado de mi ser en el cambio, transformación, metamorfosis y en términos heraclitianos “flujo” como un rio en el cual el caudal de la mañana no será el mismo que el de la tarde “Todo cambia”. Parafraseando a Jiddu Krishnamurti con respecto a un cambio de conciencia dice que “la revolución debe ser radical, una revolución de la mente concebida como consciencia, en la que implica ya no mantener tradiciones antiguas , normas antiguas, y liberar al cerebro del condicionamiento cultural, un viaje de autodescubrimiento”.
De algo estamos seguros, que la revolución emana en una situación contextual que amerita cambio, transformación, metamorfosis…, y que mejor en este momento de la humanidad de notable crisis de consciencia manifestada en el nacionalismo, fanatismo religioso, apatía, racismo, sexismo, fascismo imperialista, guerras, desconfianza, no reciprocidad.
¡La revolución de la consciencia es una necesidad! Porque si no vivirás en la superficialidad creyendo que realmente te conociste a ti mismo, una vaga delusión, falsa percepción…, no es una situación de si quiero o no, porque ignorarías le ética de conocer la verdad de ti mismo ya que esta os hará libre.
En conclusión, revolucionar implica transformar la consciencia (mente), y eso lo lograrás cuando dejes de imitar la tradición o patrón de pensar y hacer los que los otros hacen porque así te lo dijeron , lo que implica examinar, entender , analizar y no meramente aceptar sin ningun escrúpulo.




No hay Revolución sin evolución de consciencia...depende de tí la diferencia
ResponderEliminaruna afirmación muy válida!
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